Mercado de Colón
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Un mercado de Colón concebido y realizado por Francisco Mora entre los años 1.914 y 1.916, el...

Un mercado de Colón concebido y realizado por Francisco Mora entre los años 1.914 y 1.916, el cual se puede. considerar como un ejemplar tardío de los grandes mercados europeos iniciados casi un siglo antes y que ocupa, sin duda, un lugar destacado en la humilde historia arquitectónica de la ciudad.

El solar del emplazamiento tiene un perímetro rectangular achaflanado, materializado por una verja de fundición encima de un muro de cantería, mientras que el edificio se compone de tres naves: una principal de 18m. y dos laterales de 7,7, de una estructura metálica bien trabajada según prototipos industriales

Consta, de otra parte, de dos fachadas principales 1 dos laterales sencillas y transparentes, éstas con la estructura a la vista. Por lo que hace a las fachadas principales, la que recae a la calle Jorge Juan pertenece por completo al gusto y tendencias de la época Con alegres polícromías y detalles regionalistas que reflejan la ideología de una sociedad optimista llena de apoteosis naranjera, que cultiva los consabidos mitos de la conformista y momentánea prosperidad que alababa el himno de la Exposición Regional de 1.909 acontecido más tarde en Himno Regional y por razones óbvias, el único himno que admitió la dictadura de Primo de Rivera (Para ofredar nuevas glórias a España..... cánticos de amor..... himnos de paz.... la riqueza que atesora .... paraisos.... )

La fachada de Conde de Salvatierra tiene indudablemente un valor arquitectónico superior, por más que en apariencia y viéndola con ojos profanos destaque menos. El atabón está trabajado con tino y oficio, lo mismo que los elementos de canteria incorporados en dinteles y coronamientos. Sobresale el inmenso tímpano encristalado y su marquesina, que ofrece una solución verdaderamente hermosa.

El mercado de Colón es, lo mismo que el mercado Central, un ejemplar de la desgraciadamente tardía renovación modernista valenciana, y su imagen colorista, magnífica y prepotente, una buena muestra de la vitalidad ya mencionada de nuestra burguesía de comienzos de siglo.

La sociedad sin embargo, fué evolucionando, y las mismas necesidades que originaron la creación del mercado fueron menguando poco a poco hasta hacerlo desparecer como tal, las causas han sido muchas y algunas de ellas determinantes. Los avances tecnológicos, la nueva organización comercial, las más modernas técnicas frigoríficas e incluso la mayor incorporación de la mujer al mundo del trabajo, que empujan a efectuar las compras por la tarde en los supermercados, o simplemente por teléfono o internet, además de la carencia de una política de gestión, reformista y renovadora, que por ejemplo si ha tenido el mercado Central, son las causas que han provocado en síntesis, su todavía reciente, muerte funcional.

Llegado pués el momento de destinar el antiguo mercado a otras funciones más provechosas para el barrio y la ciudad, claro está que el gobierno municipal se ha visto desbordado por el coste de la restauración, bien hecha, pero que ha padecido unos graves problemas de infraestructura que han multiplicado los presupuestos iniciales. El perímetro del mercado se encuentra cruzado en el subsuelo y en diagonal, por un ramal de la acequia de Mestalla que además parece ser muy caudaloso. Los que ya vamos entrante en años y hemos nacido y vivido en el barrio recordamos perfectamente como en la riada del 57 la acera que atañe a la parte última de la iglesia de San Juan y San Vicente, en Jorge Juan, se hundió, y de allí brotaba el agua como un surtidor. Y claro está que suponemos que los técnicos serían conocedores de la existéncia de este ramal, el cual, previsiblemente y a lo largo del tiempo, habría afectado forzosamente los cimimentos, dañándolos seriamente y originando por lo tanto unos gastos considerables. Gastos, de otra parte, que el equipo de gobierno municipal ha tratado de reducir estableciendo unos precios considerables para las plazas del párking desde los más de 27.000 € de las más pequeñas hasta los 39.000 € de las más grandes, y también hay que tener en cuenta que a la los 90 años las susodichas plazas de parking, son reversibles a el Ayuntamiento, además de destinar una gran parte del mercado a los establecimientos comerciales.

Personalmente, y si consideramos la actual y creciente despersonalización que padecemos como ciudadanos y ciudadanas, la conversión de las calles en simples vías de tráfico, la inadequabilidad actual de la Gran Vía para el reposo y el paseo, adaptado a el automòvil y a las cafeterías que acotan impropiadamente espacios públicos que deberían estarles vedados, y creemos que el mercado podría muy bien haber suplido las funciones de la antigua plaza mediterránea - el ágora de los griegos - dónde la gente iba a charlar y reencontrarse. Quizás, como apuntábamos más arriba, una pretensión desechada por puras cuestiones económicas. Los falleros más antiguos recordamos perfectamente aquellas cenas al anochecer a la puerta de los Badía con nuestros "entrepans" y las sillas de enea, y cenando junto al puesto de buñuelos del “Tío Chimenea”. Es evidente que todo esto que se denomina “progreso” arrasó ésto y muchas más cosas, sin que tengamos demasiado claro si fué para bien o para mal, pero en cualquier caso y en la medida que nos sea posible, deberíamos recuperar esas dimensiones humanas perdidas, en esta ciudad nuestra que cada día nos resulta más extraña, con el fin de que la convivéncia sea una realidad, como uno de los hechos que nos han caracterizado desde siempre, y que parece que hemos perdido, como ciudadanos y ciudadanas de una Valencia que deseamos tolerante, abierta y solidaria.

Texto extraído: Mercado de Colón


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